La inspiración de la cocina en familia


Siempre que puedo, trato de transmitir mi gusto por la cocina a mi hija Fabiana, ella tiene ahora 2 años y se ha ido formando en un hogar atípico por algunas razones, pero en el que no falta las ganas de hacer las cosas bien y siempre juntos. 

Por eso, me gusta resaltar el hecho de que mi hija se va contagiando de alguna manera de ese gusto mío por la cocina o la reposteria, pero más allá del producto, es la experiencia de hacerlo uno mismo y compartirlo luego en familia. Eso es lo más importante de la vida. 

Esto lo empecé a descubrir cuando estaba ella mucho más pequeña y yo debía descubrir cómo hacer para que se involucre en comer algunas cosas que normalmente los niños no quieren ni oler, como las verduras o la avena. Y de pronto, gracias a ese autoaprendizaje ya estábamos haciendo juntos el souffle de brócoli o berenjenas grilladas, y verla a ella disfrutando de los platillos que alimentan es un regalo maravilloso. 



Siempre me preguntan cómo nació mi pasión por la cocina. No es difícil para mí recordarlo y decirlo. De hecho, es una de las historias que me gusta contar por acercarme a mi propia esencia, la de un pequeño niño que creció en una familia amorosa y sencilla. 

Me recuerdo a mí mismo a los 7 años, aproximadamente, viendo cocinar a mi abuelita con abosluta pasión y amor por su familia,. Aunque ella confesó más de una vez que cuando era chiquilla, y dentro del contexto cultural de la época que lo tocó vivir, no le gustaba la cocina, pero que ya con una familia le fue agarrando cariño y gusto. De hecho, tenía una muy buena sazón, pero estoy seguro de que no necesariamente por tener una auténtica vocación gastronómica sino por la sencilla razón de unir a su familia alrededor de la mesa, el almuerzo diario hecho con cariño. 



Y en esas mañanas de verano de comienzos de los ochenta, mientras los demás trabajaban, yo me acercaba a la cocina a ayudar y ella me daba tareas iniciáticas como desenvainar las arvejitas o separar las semillas del arroz. Sin darme cuenta, ya estaba yo con 11 años cocinando mis primero guisos y aprendiendo a granear el arroz. 

Entonces, si hay algo importante en la calidad del tiempo que se comparte en familia, una buena alternativa es cocinar o al menos intentar hacer algo juntos para compartirlo, es inspirador y permite pasar el cariño de una generación a otra, como quien se pasa la receta de un platillo hecho con amor y dedicación.

Y en este contexto, cabe preguntarse si el tiempo compartido es suficiente o si estamos transmitiendo el mensaje correcto a nuestros hijos?  




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